Desaparecido junto a su compañera y su mamá en dictadura
Cada 24 de marzo, en la plaza del Centro Cívico de Bariloche, se pintan pañuelos blancos con nombres que forman parte de la memoria de la comunidad. Entre ellos aparecen los de Mario Galli, Patricia Flynn y Violeta Wagner.
Para reconstruir esa historia, Proyecto Erre conversó con Marianela Galli, hija de Mario y Patricia, quien recuerda la relación de su familia con Bariloche y el camino de militancia que terminó con su secuestro y desaparición durante la última dictadura cívico-militar.
Mario Galli pasó parte de su infancia y adolescencia en la ciudad. Llegó desde Rosario junto a su madre y su hermana cuando sus padres se separaron. Durante esos años cursó la primaria en la escuela Primo Capraro, entre 1959 y 1964, y luego el secundario en el Colegio Nacional Ángel Gallardo, donde estudió entre 1965 y 1967.
“Bariloche fue un lugar muy importante para su desarrollo y su pensamiento”, cuenta Marianela. Allí vivía con su abuela y construyó amistades que mantuvo durante años.
Después de terminar el secundario, Galli ingresó al Liceo Naval, donde inició su carrera como marino. Pero en 1972 protagonizó, junto a otros oficiales, una rebelión interna contra la aplicación de la doctrina de seguridad nacional, que empezaba a instalarse en las Fuerzas Armadas.
Esa doctrina sostenía que el enemigo estaba dentro del propio país: trabajadores, estudiantes y militantes políticos. Mario Galli y otros marinos rechazaron esa concepción y cuestionaron el rol que se les exigía en la represión contra el pueblo.
Tras ese episodio fueron encarcelados y expulsados de la Marina. Con el regreso de la democracia en 1973 recuperaron la libertad. A partir de entonces, Galli se incorporó a la militancia política dentro del peronismo y luego en la organización Montoneros.
Durante la dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976, también participó en ANCLA junto a Rodolfo Walsh, una agencia clandestina de noticias que difundía información sobre el terrorismo de Estado y las desapariciones que comenzaban a multiplicarse en todo el país.
El 12 de junio de 1977, Mario Galli fue secuestrado junto a su compañera Patricia Flynn, docente de adultos que enseñaba en fábricas de la zona norte del Gran Buenos Aires. Ese mismo operativo también incluyó a Violeta Wagner, madre de Mario.
Todos fueron trasladados a la ESMA, uno de los principales centros clandestinos de detención de la dictadura.
Marianela tenía apenas un año y medio cuando ocurrió el secuestro. Fue la única sobreviviente de ese operativo: tiempo después fue entregada a su tía, Mónica Galli, quien la crió y le transmitió la historia de su familia.
“Por suerte siempre pude saber la verdad sobre lo que pasó y mantener el vínculo con la historia de mis padres”, cuenta.
A pesar de haber crecido en Buenos Aires, Marianela mantiene un lazo profundo con Bariloche. Es el único lugar donde pudo compartir momentos con sus padres cuando era muy pequeña y sigue visitando la ciudad con frecuencia.
“Es un lugar al que vuelvo siempre. Tengo amigas ahí y una conexión emocional muy fuerte”, dice.
Cada año, cuando se conmemora el aniversario del golpe de Estado, los nombres de Mario Galli, Patricia Flynn y Violeta Wagner vuelven a aparecer en los pañuelos pintados en el Centro Cívico.
Para Marianela, ese gesto colectivo tiene un significado profundo.
“Es importante rescatar estas historias de lucha y transmitirlas de generación en generación. No sólo para las familias, sino para toda la sociedad”, afirma.
En el contexto actual, marcado por discursos que cuestionan la memoria y relativizan el terrorismo de Estado, considera fundamental seguir reconstruyendo estas historias.
“Mi papá soñaba con otras Fuerzas Armadas y con otro país, un país inclusivo y digno para los trabajadores y trabajadoras. Fue un luchador”, concluye.