El mito de las falsas denuncias

En medio de una avanzada conservadora que pone en duda la palabra de mujeres y disidencias, la abogada feminista Mariana Vargas advierte sobre los efectos políticos y sociales de instalar el mito de las falsas denuncias. En un contexto marcado por disputas en torno al acceso a la justicia y el sentido de las violencias de género, el discurso sobre las llamadas “falsas denuncias” vuelve a instalarse con fuerza. Pero, ¿qué hay detrás de esa narrativa? Mariana Vargas, abogada feminista e integrante de la multisectorial de mujeres y disidencias de Jujuy, aporta datos concretos para desmontar ese argumento: de cientos de sentencias analizadas, apenas un número ínfimo corresponde a denuncias falsas. Sin embargo, ese dato marginal se convierte en eje de una campaña que busca invertir la lógica: ya no es el denunciado quien aparece bajo sospecha, sino quien denuncia. “El problema es que se instala que todas denunciamos falsamente”, advierte. Y señala que este giro tiene consecuencias profundas: debilita uno de los avances más importantes del movimiento feminista, que es el reconocimiento de la palabra de quienes atraviesan situaciones de violencia. En la práctica, explica, el sistema judicial sigue contemplando herramientas clave como las medidas cautelares, que pueden dictarse de forma rápida para proteger a las víctimas. Pero el retroceso se da en otro plano: en la percepción social y en la subjetividad de quienes dudan cada vez más en denunciar si no cuentan con pruebas. “Hoy las mujeres llegan diciendo ‘no lo puedo probar’”, cuenta Vargas. Y eso, subraya, marca un cambio preocupante: la internalización de que ya no alcanza con la palabra. La avanzada no solo busca endurecer penas para las denuncias falsas, algo que ya está contemplado en el Código Penal, sino generar un efecto disciplinador. El resultado: menos denuncias, más silencio y mayor vulnerabilidad. Frente a este escenario, Vargas plantea la necesidad de organización colectiva, intervención política y producción de información rigurosa para disputar estos sentidos. “Tenemos que volver a decir: animarse a denunciar”, sostiene. Porque lo que está en juego no es un debate técnico, sino la posibilidad concreta de acceder a la justicia. 🎧 Escuchá la nota completa

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