En el Día Nacional de los Derechos Políticos de las Mujeres, Proyecto Erre conversó con Mariana Rulli, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Río Negro, sobre los avances y las deudas pendientes en la participación política de las mujeres.
Río Negro fue una de las provincias pioneras en incorporar la paridad. Después de sancionar una ley de cupo femenino en 1993, en 2002 estableció la equivalencia de género para las listas legislativas provinciales, quince años antes de que la paridad fuera aprobada a nivel nacional. El cambio tuvo efectos concretos: mientras en 1983 apenas dos de los 35 integrantes de la Legislatura rionegrina eran mujeres, actualmente son 20 sobre un total de 46.
Sin embargo, Rulli advierte que contar con una ley de paridad no garantiza por sí sola una representación igualitaria. El sistema electoral rionegrino, especialmente la elección de representantes por circuitos, puede reducir las posibilidades de que las mujeres efectivamente accedan a las bancas. A esto se suman barreras menos visibles: la distribución desigual de las tareas de cuidado, las dificultades para acceder al financiamiento político y la violencia contra las mujeres que participan en política.
La investigadora también propone mirar más allá de los avances normativos y evitar lo que denomina el “espejismo de la igualdad”: considerar que, porque existen leyes de paridad y las mujeres pueden elegir y ser elegidas, la igualdad ya está alcanzada. En ese escenario, señala además la necesidad de prestar atención a la disminución de la participación electoral y a los discursos antifeministas y antiderechos de esta época.